La pericia psicológica en el fuero penal es una herramienta fundamental para la justicia. No se trata de un estudio clínico ni de una intervención terapéutica, sino de una evaluación técnica cuyo objetivo es esclarecer cuestiones psicológicas relevantes para un proceso judicial.
El psicólogo forense actúa como auxiliar de la justicia, aportando conocimientos especializados que permiten comprender mejor la conducta humana y su relación con los hechos investigados. Su dictamen se incorpora como una prueba más en el expediente, aunque la decisión final siempre corresponde al juez.
¿En qué consiste una pericia psicológica penal?
La pericia busca describir, analizar y comprender la personalidad y el estado mental de una persona vinculada a un proceso judicial, ya sea imputado o víctima. Algunos aspectos centrales son:
- Diagnóstico de la personalidad en clave jurídica: evaluar cómo la estructura y funcionamiento psicológico de la persona se relacionan con el hecho investigado.
- Evaluación de la imputabilidad: determinar si, al momento del hecho, la persona pudo comprender la criminalidad de sus actos y dirigir sus acciones (Art. 34 del Código Penal).
- Valoración de daños psicológicos en víctimas: identificar secuelas emocionales y psíquicas que impactan en la reparación del daño y en la mensuración de la pena.
- Análisis de riesgo: estimar la probabilidad de cometer conductas violentas hacia terceros o de daño a sí mismo.
- Otros puntos específicos: credibilidad del testimonio, pericias en delitos sexuales, evaluaciones neuropsicológicas, autopsia psicológica, entre otros.
¿Qué ocurre cuando el imputado se niega a ser evaluado?
La pericia psicológica es una herramienta para la justicia. Puede suceder que la persona se niegue a someterse a la evaluación. En ese caso, no se fuerza la instancia, pero existen recursos alternativos:
- Pericia en base a autos: el psicólogo puede elaborar un informe tomando como fuente el expediente judicial, testimonios, antecedentes, informes médicos y demás elementos obrantes en la causa.
- Construcción indirecta del perfil psicológico: se analizan las conductas relatadas, los contextos, las declaraciones de testigos y la dinámica del hecho para inferir rasgos de personalidad y posibles motivaciones.
- Metodología similar a la autopsia psicológica: aunque el imputado está vivo, se trabaja sin contacto directo, reconstruyendo su perfil a partir de la información disponible.
Este procedimiento, aunque limitado respecto de una evaluación directa, sigue siendo válido y útil, ya que aporta una visión técnica que puede ayudar a las partes y al juez a comprender la dinámica del caso y el posible papel de la personalidad en el hecho.