La valoración de la personalidad previa constituye uno de los aspectos más complejos de la evaluación pericial del daño psíquico, ya que en la práctica forense es habitual encontrar personas con rasgos de vulnerabilidad, antecedentes traumáticos o recursos de afrontamiento limitados antes del hecho investigado.

Tradicionalmente, estas características suelen interpretarse como elementos que disminuyen la entidad del daño atribuible al evento, pero surge un interrogante fundamental:

¿Por qué una personalidad vulnerable debería mitigar el daño cuando, precisamente, esa vulnerabilidad hace que el hecho tenga un impacto más profundo y con menor posibilidad de recuperación?

El antecedente no excluye el daño

El daño psíquico puede consistir en el agravamiento de un cuadro preexistente, siempre que exista un nexo causal con el hecho traumático, por lo que el antecedente no excluye el daño, sino que es el sustrato sobre el cual se producen las secuelas.

Desde una perspectiva clínica y forense integrada, la personalidad previa explica la susceptibilidad frente al trauma, pero no reemplaza la causa que lo desencadenó; el hecho traumático no crea la vulnerabilidad, pero sí puede convertirla en una incapacidad permanente.

Podría darse que, si ese hecho no hubiera ocurrido, es posible que dicha vulnerabilidad jamás hubiera evolucionado hacia el cuadro incapacitante que se observa en la actualidad.

Más allá de los porcentajes

Por lo tanto, la concausalidad no debería interpretarse desde una lógica meramente cuantitativa orientada a reducir porcentajes de incapacidad, sino como una herramienta para comprender por qué un mismo acontecimiento produce consecuencias diferentes en personas distintas según su historia singular.

En este contexto, la estructura de personalidad condiciona la resiliencia y el pronóstico, asociándose en ocasiones a una mayor probabilidad de cronificación de las secuelas.

Es fundamental aclarar que dictaminar un daño permanente no es incompatible con la indicación de un tratamiento psicológico; la psicoterapia puede mejorar el funcionamiento y disminuir el sufrimiento, aunque eso no implique la restitución completa al estado anterior al hecho.


En definitiva, el desafío del perito no consiste simplemente en asignar porcentajes, sino en reconstruir con rigor científico el recorrido por el cual un hecho traumático alteró el equilibrio psíquico de un sujeto concreto, utilizando la personalidad previa para explicar la magnitud de las secuelas y no para reducir la responsabilidad causal del evento.