Mi recorrido profesional en el ámbito forense me ha llevado durante años a intervenir en procesos judiciales a través de la pericia psicológica.
En ese espacio, el aporte de la Psicología es convocado para ofrecer una mirada específica sobre la dimensión subjetiva de las personas involucradas en un proceso. Una mirada que permite comprender aspectos que no siempre pueden ser abordados desde una perspectiva exclusivamente jurídica.
Con el tiempo, y particularmente a partir de mi formación como comediadora, comencé a pensar en otra posibilidad de intervención: ¿qué puede aportar un psicólogo en el Fuero de Familia antes de que el conflicto se profundice, se cronifique y termine involucrando cada vez más a todos sus integrantes?
Más que cuestiones jurídicas
En los conflictos familiares no solamente existen cuestiones jurídicas que resolver. También hay historias, vínculos, emociones, pérdidas, expectativas, dificultades de comunicación y, muchas veces, vínculos parentales que continúan existiendo aun cuando la pareja ya no existe.
Y en medio de esos conflictos hay niños, niñas y adolescentes.
Por eso considero fundamental que la Psicología tenga un lugar cada vez más importante dentro del Fuero de Familia, no solamente desde una función pericial, sino también desde intervenciones orientadas a facilitar el diálogo, favorecer la comunicación y contribuir a la construcción de acuerdos posibles.
La mediación como camino
La mediación parte justamente de una premisa que considero especialmente valiosa: que las personas puedan hacerse cargo de sus conflictos y encontrar, mediante el diálogo y el consenso, alternativas de resolución que contemplen sus intereses. Se trata también de mejorar la comunicación y los vínculos, favorecer convivencias más pacíficas y evitar que determinados conflictos continúen escalando.
En el ámbito familiar, esto adquiere una dimensión particular.
No siempre es posible evitar el conflicto. Pero sí podemos intentar evitar que ese conflicto se transforme en una forma permanente de vinculación.
Una familia judicializada puede quedar atrapada durante años en un circuito en el que cada diferencia genera una nueva presentación, una nueva denuncia o un nuevo expediente.
Frente a esa complejidad, el psicólogo puede “hacer luz” sobre dimensiones subjetivas que el sistema judicial necesita comprender, aportando elementos que permitan entender cómo se construyen esos vínculos, qué necesidades emocionales están en juego y qué intervenciones pueden favorecer un mejor abordaje.
Esa articulación entre Psicología y Derecho resulta especialmente valiosa cuando la comprensión del conflicto excede lo estrictamente jurídico.
Mirar desde el lugar de los niños
Entonces aparece una pregunta que, desde mi perspectiva, debería estar siempre presente: ¿Qué necesita ese niño, niña o adolescente que está atravesando este proceso?
A lo largo de mi recorrido profesional, tanto en mi trabajo en el consultorio como en mi labor como perito psicóloga de oficio, hay algo que atraviesa mi manera de intervenir: intentar siempre mirar la situación también desde el lugar de los niños, niñas y adolescentes, que considero especialmente vulnerables frente a los conflictos de los adultos.
No significa desconocer los derechos ni las necesidades de los adultos involucrados. Significa recordar que, en muchos conflictos familiares, quienes tienen menos posibilidades de decidir sobre las circunstancias que atraviesan son precisamente los niños.
La normativa reconoce a los niños, niñas y adolescentes como sujetos de derechos y establece su derecho a ser escuchados y a que su opinión sea tenida en cuenta de acuerdo con su edad y grado de madurez.
Pero escuchar no significa simplemente oír sus palabras.
Escuchar implica poder comprender qué hay detrás de ellas, respetar sus tiempos, sus silencios y su singularidad. Implica una escucha que no quede limitada al discurso jurídico, sino que pueda contemplar también aquello que aparece en la expresión emocional, en los silencios y en los modos particulares de posicionarse frente al conflicto.
Esa escucha, necesariamente, debe ser interdisciplinaria.
El psicólogo puede aportar herramientas específicas para comprender la dinámica vincular, las necesidades emocionales de los integrantes de la familia y, especialmente, para ayudar a que los niños no queden colocados en el lugar de quienes deben resolver los conflictos de los adultos.
Los niños no deberían convertirse en prueba de aquello que los adultos no pudieron resolver.
El objetivo no debería ser que un niño tenga que elegir, tomar partido o quedar atrapado entre dos posiciones. Tampoco que sea llevado y traído dentro del sistema judicial cada vez que los adultos no logran resolver una diferencia.
Por el contrario, considero que uno de nuestros mayores desafíos como profesionales es contribuir a que los niños puedan atravesar estos procesos de la manera menos dañina posible y que las familias puedan encontrar formas más saludables de continuar ejerciendo sus funciones parentales.
Pericia y mediación: intervenciones diferentes
La formación en mediación y comediación representa para mí una nueva herramienta que se suma a mi experiencia en el ámbito de la Psicología Forense.
No reemplaza la función pericial ni pretende hacerlo.
Son intervenciones diferentes, con objetivos diferentes.
Pero ambas parten de algo que considero fundamental: la necesidad de comprender a las personas que están detrás del expediente.
Quizás el desafío actual del Fuero de Familia sea justamente ese: no limitar nuestra intervención a resolver jurídicamente el conflicto, sino también generar las condiciones para que las personas puedan transitarlo de una manera que permita preservar los vínculos que necesitan continuar existiendo.
Porque, si hay algo que la experiencia enseña, es que debemos evitar que los conflictos familiares se cronifiquen y que los niños terminen pasando su infancia dentro del sistema judicial.
Ese, quizás, sea uno de los mayores aportes que la Psicología puede ofrecer cuando trabaja de manera articulada con el Derecho.
Un aporte articulado
Incorporar la mirada de la Psicología al Fuero de Familia no significa psicologizar la Justicia. Significa aportar una herramienta más para comprender la complejidad de los vínculos humanos y favorecer soluciones que contemplen a todos los involucrados.
Hoy continúo ampliando mi formación profesional en esta dirección, incorporando la formación como comediadora como una nueva herramienta para mi práctica.
Porque intervenir en familia también implica preguntarnos no solamente cómo resolver un conflicto, sino cómo hacerlo de la manera más saludable posible para quienes deberán seguir vinculados después de que termine el expediente.