Sentirse seguro y valioso aun cuando nadie nos está mirando: una confianza que empieza a construirse en la infancia.

Hablamos mucho de la necesidad constante de estímulos, especialmente frente a las pantallas. Pero hay otra demanda que merece atención: la de ser mirados, reconocidos y alabados todo el tiempo.

Observo niños y niñas que, incluso mientras juegan con otros, buscan continuamente la mirada del adulto. Cada dibujo, cada movimiento, cada pequeño logro parece necesitar un espectador. Y me pregunto: ¿qué espacio queda para disfrutar de una experiencia sin esperar aprobación?

Durante años insistimos en la importancia de que los padres estuvieran presentes y compartieran el juego. Esa presencia sigue siendo fundamental. Pero acompañar también implica dar espacio para que, según su edad y sus posibilidades, los niños inventen, exploren y se entretengan sin que cada iniciativa termine en un aplauso.

Para criar niños seguros, con una autoestima sólida, podemos empezar por lo cotidiano: escuchar lo que sienten, reconocer sus esfuerzos sin exagerar los elogios, ofrecer límites claros y permitirles intentar, equivocarse y resolver pequeñas dificultades. Que se sientan queridos también cuando algo les sale mal o cuando el adulto está ocupado con otra tarea.

La seguridad se nutre de saber que hay alguien disponible a quien recurrir. Desde esa confianza, los niños pueden animarse, poco a poco, a explorar con mayor autonomía. Necesitan tanto momentos de encuentro como oportunidades de descubrir lo que pueden hacer por sí mismos.

Los primeros vínculos dejan huellas en nuestra manera de relacionarnos. Por eso vale preguntarnos qué expectativas ayudamos a construir: si cada experiencia necesita admiración, ¿cómo se vive después una amistad o una pareja en la que el otro también tiene deseos, intereses y necesidades propios? ¿Qué ocurrirá cuando ese otro también necesite atención y espacio?

Todos necesitamos reconocimiento. La dificultad aparece cuando nuestra valoración personal depende demasiado de cuánto nos miran, nos celebran o nos aprueban.

Ayudar a construir autoestima es dar lugar al «me gustó hacerlo», además del «¿te gusta?». Es acompañar a los niños y niñas para que puedan sentir: «Aunque ahora nadie me esté mirando, sigo siendo valioso».